LA QUÍMICA DE LAS EMOCIONES
La molécula del amor -
Bailando con la más FEA En este artículo también vamos a tratar de sustancias
químicas, pero con un significado bastante diferente al contenido de artículos
anteriores, en aquellos hablábamos de moléculas artificiales (plaguicidas y
contaminantes) y aquí vamos a referirnos a algunas bio-moléculas, a compuestos
químicos de nuestras células, que abundan en el organismo y que nos acompañan a
lo largo de nuestra vida, con sus avatares y sus emociones. Vamos a tratar de
la química de las emociones, de los compuestos que intervienen en las
sensaciones relacionadas con ellas y, como emociones sentimos muchas, y de
todas a la vez no se puede hablar, pues para empezar “hablemos del amor”, que
no es mal tema. Lo ilustraré con copias de algunas pinturas alegóricas al caso,
de las que emocionan y se acompañan de gran colorido; disculpad el blanco y
negro.
¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra? Qué le
pasa a la química de nuestros sistemas y tejidos cuando nos ocurre algo, tan
sencillo como maravilloso, que suele sucedernos a todos alguna vez en la vida:
¡Enamorarnos! Los poetas nos han deleitado cantando al más maravilloso de los
sentimientos desde todos los ángulos, con palabras bellísimas y con infinitos
matices, pero los bioquímicos también tenemos cosas que decir al respecto,
quizás menos seductoras, pero no por ello menos importantes y realistas. La
química del amor es una expresión acertada para intentar explicar, desde el
punto de vista biológico, las reacciones químicas que subyacen y motivan el
mundo de sensaciones que se desencadena en nuestro cuerpo cuando nos
enamoramos, aunque para los más románticos sea difícil de aceptar una
explicación bioquímica del amor. En la cascada de reacciones que ocasionan las
emociones hay electricidad - descargas de pequeño voltaje entre las neuronas
para comunicarse entre ellas y comunicar unos sistemas con otros y así
coordinar las respuestas a los estímulos- y hay química -hormonas y otras
sustancias que salen de los nervios y de las glándulas, y viajan por la sangre
para participar en esa comunicación entre los órganos y las células-. Ellas son
las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las
que causan buena parte de los comportamientos que identificamos con el estado
de enamoramiento.
EL BESO de Gustav Klimt (1907) Los síntomas del
enamoramiento, que muchas personas hemos percibido alguna vez -si hemos sido
afortunados-, son el resultado de complejas reacciones químicas en el
organismo, que nos hacen sentir aproximadamente lo mismo a todos, aunque a
nuestro amor lo sintamos como único en el mundo. Si alguien nos gusta mucho,
cuando hablamos con él o ella nuestras rodillas flaquean, sentimos mariposas en
el estómago y apenas podemos balbucear algunas frases incoherentes, si dormimos
poco y pensamos constantemente en el o ella, todos nuestros amigos nos dirán
que estamos enamorados. ¿Qué pasa, pues, cuando encontramos a la persona
deseada? Se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en
ebullición. De acuerdo a algunos investigadores, el amor equivale a una
sobredosis hormonal, que es la que dispara las reacciones visibles y las
sensaciones percibidas. En el principio fue el deseo A través del sistema
nervioso, el hipotálamo – una glándula pequeñita en la base del cerebro - envía
mensajes a diferentes sistemas del cuerpo ordenando a las glándulas
suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina compuestos transmisores que comunican entre sí a las células nerviosas y a
éstas con otros órganos. La adrenalina incrementa la presión sanguínea,
acelera el ritmo cardíaco (130 pulsaciones por minuto) y hace que respiremos
más pesadamente. La alta presión sanguínea provoca el síntoma de las palmas
sudorosas y de los rubores de las primeras etapas del enamoramiento, mientras
que la respiración más profunda lleva a oxigenar más el cuerpo, dándole más
energía y provocando a veces una “sobredosis de oxígeno”, uno de esos momentos
donde nos sentimos flotar. ¿O era eso lo que llamábamos estar enamorados? La
existencia elevada de noradrenalina en el cuerpo provoca excitación sexual y
una elevación del humor y hace que nos sintamos seguros y a gusto cuando
compartimos momentos con la persona que consideramos especial. El deseo sexual
responde primordialmente a la testosterona, la hormona “masculina”. Esta
hormona es de vital importancia tanto en los hombres como en las mujeres, pues
los niveles altos de esta hormona van de la mano con la pulsión sexual. El
cuerpo produce testosterona si nuestra mente conecta con la de otro en la
sintonía del amor. Los padecimientos y goces del amor se esconden,
irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos
sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso y oleaje químico.
Aquí se asientan los orígenes de un montón de emociones: el miedo, el orgullo,
los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento.
A través de nervios
microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos
pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El organismo entero está sometido
al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas. Las órdenes se
suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, …
Todo es urgente, efervescente, impelente... Aquí apenas manda el intelecto, ni
la fuerza de voluntad. Es el reino del “siento, luego existo”, de las
atracciones y repulsiones primarias..., es el territorio donde la razón es una
intrusa. Bailando con la más FEA Todos estos procesos hormonales que modulan el
comportamiento humano en sus relaciones amorosas y sexuales se han ido
estudiando con el desarrollo de la Fisiología, primero, y de la Bioquímica,
después, a lo largo del siglo XX. Sin embargo, hace apenas 25 años que se
planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la
corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino – ya se
han descrito antes algunos procesos hormonales relacionados -, dando lugar a
respuestas fisiológicas intensas. El verdadero enamoramiento parece ser que
sobreviene cuando se produce en el cerebro una molécula orgánica, la
Fenil-Etil-Amina (FEA).
Ese estado de felicidad y euforia que manifiesta el enamorado
está provocado por la mencionada molécula. Entre las muchas publicaciones
relacionadas, se puede mencionar la obra “The Chemistry of Love” de Michael R.
Leibovitz, psiquiatra de la universidad de Columbia, publicada en 1983, donde
además de otros datos, se propone el efecto afrodisiaco del chocolate en
función de su elevado contenido en FEA. Comúnmente conocida como la “molécula
del amor”, la FEA es un estimulante natural, similar a una anfetamina y se
propone que a ella se debe la excitación que sienten las personas enamoradas.
La teoría que esgrimen los científicos afirma que la producción de
feniletilamina feniletilamina en el cerebro puede ser disparada por cosas tan
básicas como una profunda mirada a los ojos o un simple rozar de manos.
Las
sensaciones más embriagadoras, al igual que el rubor, la transpiración excesiva
en la palma de las manos, el pulso acelerado y la respiración agitada son
explicadas clínicamente como un caso de sobredosis de FEA. No es una
explicación muy romántica, ¿cierto? Pero eso no es todo: los investigadores han
agrupado las sensaciones de la relación amorosa en tres etapas: deseo,
atracción y afecto; y en todas ellas intervienen factores químicos de manera
muy decisiva, aunque no queramos excluir a la magia del amor. La secreción de
FEA inicia una cadena de reacciones en el cerebro. El efecto primario de la FEA
es estimular la secreción de dopamina, un compuesto neurotransmisor que tiene
el efecto de hacernos sentir bien, relajados, y es el responsable de los
mecanismos de refuerzo del cerebro.
La dopamina afecta los procesos cerebrales
que controlan el movimiento, la respuesta emocional y la capacidad de desear
algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer. La secreción de
dopamina, estimulada por la FEA, induce un proceso de aprendizaje positivo en
el cerebro, que es el responsable último de transformar lo que era un simple
deseo con fines sexuales en algo mucho más profundo, la atracción mutua. La
dopamina refuerza el impulso que repite el estímulo y así nacen las relaciones
entre dos enamorados. Asimismo se estimula la producción de oxitocina, a la que
también se conoce comúnmente como “la hormona de los mimos”. Esta hormona,
además de estimular las contracciones uterinas para el parto y provocar la
secreción de la leche, parece ser un mensajero químico en el deseo sexual.
Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas
haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de
cansancio o sueño. Cuando pasa el terremoto, se imponen los lazos afectivos La
oxitocina, entonces, puede ser la responsable del último estadio del amor: el
nacimiento de los lazos afectivos en una pareja. Se sabe que esta hormona es
liberada por el cuerpo principalmente durante los momentos del parto y del
amamantamiento de los recién nacidos. Al ser estimulados sus receptores por la
oxitocina se dispara la contracción del músculo uterino para que éste pueda
cumplir con sus funciones y no sólo en el trabajo del parto. Los efectos de la
oxitocina no se limitan a las mujeres; en los hombres, bajas concentraciones de
esta sustancia colaboran en las funciones propias de su órgano sexual. Por otra
parte, la oxitocina promueve las conductas maternales, que son la razón por la
que nos mantenemos unidos a nuestra pareja después de que los signos de las
primeras etapas del enamoramiento ya no sean tan evidentes.
LAS TRES EDADES DE
LA VIDA de Gustav Klimt (1905) La elevada concentración de esta hormona tiene
efectos no deseados, pues puede llegar a inhibir la actividad sexual, y esto es
lo que sucede en los períodos en los que los hombres no pueden recobrar la
excitación sexual, en buena medida debido a las grandes cantidades de oxitocina
que ingresan a su torrente sanguíneo. Como último efecto a mencionar, la oxitocina
puede también inducir el sueño cuando se encuentra acompañada de otra hormona,
la vasopresina. Ésta también es conocida como la “hormona monogámica”, debido a
que se encuentra en grandes cantidades en todos los animales de comportamiento
monogámico. Quizás dentro de poco las compañías farmacéuticas nos b rinden una
nueva solución para los maridos o las esposas infieles: vasopresina en grageas.
Cabe esperar que ni siquiera así, se consiga disminuir o desencantar la magia
del amor
Cesar
Mormontoy Huamán. Master en Programación Neurolingüística (avalado por The Society of NLP,
International NLP y el Southern Institute of NLP). Máster Trainer PNL (USA).
Máster coach PNL (UMVPNL México). Certificación internacional de Coaching con
PNL (ESPNL México Edmundo Velasco). Máster Coach de Negocios (UMVPNL
México). Coach personal, coach empresarial, coach ejecutivo (ESPNL México). Facilitador
de procesos de cambio con PNL (ESPNL México). Máster Practitioner en PNL (John
Grinder Colombia NLP). Máster Practitioner en PNL (Richard Blander Colombia y
México NLP). Hipnoterapeuta (Milton Erickson USA). Conferencista y miembro de
la red mundial de conferencistas (Alemania). Neurociencias Aplicadas a la
educación, Neurosicoeducacion, Neurobiología y plasticidad Neural,
Neurociencias Aplicadas al Liderazgo, (argentina). Psicoterapeuta (México).
Máster Firewalking Caminata sobre brasas (chile). Psicoterapeuta Gestalt
(Perú). Coach Gestalt (Perú). Mindfullness terapias mente cuerpo (Perú).
Especialización en Storytelling (Perú). Instructor especialista en Yoga Taoísta
(Tailandia). Coach sexual taoísta. Risoterapia (Perú). Diplomado en
Psiconeuroinmunología/PNIE. (Perú). Especialización en Neuro Marketing. (Perú).
http://yosoyexitoahoramismolosoy.blogspot.pe/
Contactos e informes: 997944468 - 973130916
+51997944468 o cesarmastercoachpnl
Email: cdphexito@gmail.com
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